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domingo, 4 de enero de 2026

El ataque de Trump contra Venezuela: ¡condenamos este acto de agresión criminal!


Declaración de la ICR

A las 2 de la madrugada, hora de Caracas, el imperialismo estadounidense lanzó un ataque militar criminal contra territorio venezolano. Hay informes de unas seis grandes explosiones en la capital, Caracas. También se han producido ataques militares en El Higuerote, Miranda, La Guaira y Aragua. Se han visto helicópteros militares estadounidenses sobrevolando Caracas. Trump ha anunciado que han capturado a Maduro junto con su esposa y que los han sacado del país en avión. Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, lo ha confirmado. Esto es lo que se sabe hasta ahora.

Nada de esto ha caído de repente como un rayo en un cielo despejado. Es el resultado de una política fría, calculada y cínica, que expresa fielmente los intereses reales del agresivo imperialismo estadounidense.

Esta acción es la culminación inevitable de una larga serie de actos de agresión no provocada contra un Estado soberano, Venezuela, que nunca ha representado una amenaza militar directa para Estados Unidos.

Estas acciones incluyen actos flagrantes de piratería en alta mar, el bombardeo y ametrallamiento de pequeñas embarcaciones en el Caribe y la matanza deliberada de los desafortunados hombres que iban a bordo. Las víctimas eran casi con toda seguridad pescadores inocentes, pero, en cualquier caso, tales acciones constituyen sin duda una violación flagrante de lo que irónicamente se denomina «derecho internacional». Estas acciones también incluyeron la incautación de petroleros que transportaban petróleo venezolano y su confiscación (léase: robo) por parte de Estados Unidos.

Esta campaña de seis meses de intimidación imperialista y presión militar creciente por parte del imperialismo estadounidense y la administración Trump contra Venezuela es un acto unilateral de agresión, que no se justifica de ninguna manera. No se trata de drogas, como hemos explicado. No se trata de «democracia», algo que a Estados Unidos no le importa en absoluto.

Trump, el hombre que se enorgullece de ser un pacifista, el hombre que prometió sacar a Estados Unidos de guerras innecesarias, bombardeó Nigeria el día de Navidad. Ahora ha bombardeado Venezuela y amenaza con emprender una nueva acción militar contra Irán. En Venezuela, sin embargo, también se ha producido la destitución criminal de un jefe de Estado extranjero. 

Se trata de un claro acto de agresión militar, cuyo objetivo principal es dejar claro a todo el mundo que Estados Unidos pretende dominar y someter a todo el continente y castigar sin piedad a cualquier gobierno que se interponga en su camino. 

Las consecuencias de esto son muy graves. Se ha dicho que se trataba «simplemente» de un ataque para capturar al presidente venezolano Maduro y sacarlo del país. Este tipo de acciones tienen un carácter claramente criminal y se parecen más a los métodos de la mafia que a la diplomacia internacional. Tenemos aquí un ejemplo muy claro de lo que ellos llaman el «orden internacional basado en normas». Con ello se refieren a normas arbitrarias, impuestas por Washington en cualquier momento según los intereses del imperialismo estadounidense.

Cualquier país, gobierno o líder que se atreva a oponerse a estas «reglas» estará expuesto a amenazas, sanciones, bloqueos comerciales, bombardeos e incluso, como vemos, secuestros al estilo de la mafia. Este es el tipo de régimen que los líderes de Estados Unidos y sus compinches europeos pretenden imponer al mundo entero.

Sin embargo, la experiencia nos dice que, una vez iniciada una acción militar, no está claro cómo terminará. La guerra es una lucha de fuerzas vivas. El desenlace del conflicto en Venezuela no depende solo de Donald Trump, ya que las guerras siempre tienen su propia lógica, cuyo resultado es difícil de predecir de antemano.

El bombardeo de instalaciones militares y civiles en Venezuela provocará inevitablemente la muerte de civiles. Esto causará un sentimiento generalizado de repulsa y odio hacia los agresores estadounidenses. Que estos sentimientos puedan canalizarse en una acción militar eficaz dependerá de muchos factores, sobre todo de la moral de las masas.

Padrino (jefe de las fuerzas armadas) ya ha anunciado que ha habido víctimas civiles y ha llamado a la resistencia nacional ante esta flagrante agresión imperialista. Ha declarado que se desplegarán todas las fuerzas armadas. «Nos han atacado, pero no nos someterán», afirmó.

Sin embargo, debemos afrontar los hechos. Venezuela es un pequeño país latinoamericano que se encuentra en una situación de extrema desventaja frente al abrumador poderío militar del imperialismo estadounidense.

La respuesta de las masas a los llamamientos de Padrino será el factor decisivo. Sin embargo, desde esta distancia y dada la falta de información adecuada, es imposible decir cuál será esta reacción. Sin duda, una parte considerable de la sociedad venezolana —los trabajadores, los campesinos, los pobres urbanos y todos aquellos que se beneficiaron de la revolución bolivariana— seguiría dispuesta a luchar contra este brutal acto de agresión imperialista, si se diera un impulso serio. Pero, ¿será esto suficiente?

Cuba es demasiado débil para proporcionar suficiente ayuda militar, mientras que los principales aliados de Venezuela, Rusia y China, se encuentran a miles de kilómetros de distancia. Por lo tanto, se trata en gran medida de un conflicto entre David y Goliat. No hace falta decir que en este conflicto el apoyo internacional de la clase trabajadora será de enorme importancia. Esto es especialmente cierto en lo que respecta a la reacción de las masas en toda América Latina.

Se trata de una clara advertencia a otros países de América Latina para que se alineen, una línea de sumisión al imperialismo estadounidense. Esto se aplica especialmente a Colombia y al presidente colombiano Gustavo Petro.

Es cierto que muchas personas, especialmente en la izquierda, no confían en el actual Gobierno de Caracas. Pero este no es el criterio que debe determinar nuestras acciones en estos momentos. Independientemente de nuestra actitud hacia el gobierno de Nicolás Maduro, es un deber elemental defender firme e inequívocamente a Venezuela contra las acciones agresivas del imperialismo estadounidense.

Este apoyo incondicional a Venezuela en el conflicto actual no expresa más confianza en las políticas y acciones de Nicolás Maduro que nuestro apoyo a Irán, cuando fue atacado por Trump y Netanyahu, expresó apoyo al régimen corrupto y reaccionario de los mulás en Teherán. Nuestra actitud no viene dictada por si estamos de acuerdo o en desacuerdo con un gobierno o una política en particular, sino por el principio fundamental del internacionalismo proletario. Cualquier vacilación sobre esta cuestión equivale a un crimen contra la clase obrera y a una traición al internacionalismo proletario.

La respuesta correcta por parte del movimiento obrero internacional debe ser la movilización y el rechazo rotundo de esta agresión imperialista injustificada. Sin duda, hoy habrá protestas frente a todas las embajadas de Estados Unidos en el continente latinoamericano y más allá. La Internacional Comunista Revolucionaria defiende incondicionalmente a Venezuela y apoyaremos con todas nuestras fuerzas este movimiento.

Nuestra posición es clara: ¡Manos fuera de Venezuela! ¡Yankee, go home! ¡Abajo el imperialismo estadounidense!

¡Combatir la agresión imperialista con el pueblo en armas! ¡Manos fuera de Venezuela! Declaración de Revolución Comunista, sección venezolana de la Internacional Comunista Revolucionaria

 



La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un hito importante en el historial criminal del imperialismo yanqui contra Venezuela y América Latina. La fuerza aérea estadounidense ha ejecutado un bombardeo salvaje sobre Caracas y otras ciudades venezolanas. Esta acción tuvo lugar tras cuatro meses de provocaciones abiertas, con el despliegue del 20% de las fuerzas navales estadounidenses en el Caribe, el asesinato extrajudicial de más de cien civiles en aguas internacionales por medio de bombardeos a presuntas “narco-lanchas”, el cierre unilateral del espacio aéreo venezolano, incursión constante de aeronaves dentro de nuestros cielos, el bloqueo naval y la incautación de buques petroleros frente a costas venezolanas, así como amenazas de todo tipo por parte de Donald Trump y Marco Rubio.

Explosiones ensordecedoras han sacudido la base militar de Fuerte Tiuna, la base aérea La Carlota y el Cuartel de la Montaña en la capital, así como posiciones militares en los Estados Miranda (Higuerote), Aragua y La Guaira, dejando columnas de humo, cortes eléctricos y una estela de terror sobre la población. Aún resta por precisar la totalidad de víctimas fatales y daños materiales generados por este brutal ataque imperialista.

Ante estas graves circunstancias, los comunistas revolucionarios de Venezuela solo tenemos una posición a la cual adherirnos: el rechazo contundente a la agresión militar estadounidense contra nuestro país y el llamado a la defensa de la soberanía de Venezuela armas en mano.

Minutos después de iniciados los bombardeos, fuentes de CBS News confirmaron la responsabilidad de la Casa Blanca sobre estos ataques selectivos. Poco después, el propio Donald Trump, a través de una publicación en Truth Social, proclamó triunfalmente: «Los Estados Unidos de América han llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien, junto con su esposa, ha sido capturado y sacado del país en avión. Esta operación se realizó en conjunto con las fuerzas del orden de EE.UU (…)”.

El bombardeo sobre Venezuela revela, de la manera más vil y miserable, la puesta en práctica de la nueva “Estrategia de Seguridad Nacional” estadounidense –también conocida como ”corolario Trump a la Doctrina Monroe”– con la que Washington busca reposicionar su dominación sobre América Latina, a la que considera su «patio trasero». Todo esto tributa al propósito yanqui de ahuyentar la influencia de China y Rusia sobre la región, para imponer sus dictámenes y apoderarse de nuestras riquezas y recursos.

El gobierno venezolano respondió con un comunicado de repudio absoluto, decretando de inmediato el «estado de Conmoción Exterior»: un mecanismo constitucional que concentra poderes ejecutivos plenos para movilizar a las Fuerzas Armadas, tomar control de industrias vitales, vigilar las fronteras y activar a millones de milicianos para la “lucha armada”. La vicepresidenta de la República Delcy Rodríguez, en una llamada telefónica a Venezolana de Televisión, exigió una «fe de vida» del presidente Maduro y convocó a la resistencia total. Minutos antes, el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López hizo un llamado similar a la resistencia.

Claramente, hemos sido testigos de un nuevo crimen brutal del imperialismo yanqui, que se suma a su larga lista de atrocidades cometidas por el mundo bajo cualquier falso pretexto. En esta oportunidad, la Casa Blanca utiliza la retórica de una supuesta lucha antidrogas, como tapadera para pisotear la soberanía nacional de los países latinoamericanos e imponer sus intereses a toda costa. Revolución Comunista rechaza tajante e inequívocamente la guerra imperialista en curso contra Venezuela, así como las amenazas que se han dirigido contra Colombia, México y la región en general.

Debemos afirmar que, independientemente de la posición que se pueda tener con respecto al gobierno de Maduro (a lo largo de los años hemos denunciado sin reservas el carácter antiobrero y contrarrevolucionario de este gobierno, que pulverizó las conquistas de la Revolución Bolivariana y se ha sostenido a base de la represión más cruenta contra los derechos del pueblo trabajador), está claro que el imperialismo estadounidense no posee legitimidad legal, moral ni política para bombardear países, secuestrar presidentes o imponer marionetas a su gusto, como se pretende hacer con la golpista, sionista y aspirante a genocida, María Corina Machado, la recién nombrada “Premio Nobel de la Paz”. La misma que, vergonzosamente, ha pedido insistentemente invasión militar extranjera contra su propio país.

Solo el pueblo trabajador venezolano tiene el derecho exclusivo a juzgar y a derrocar a sus opresores. Nuestro rechazo rotundo a Maduro desde la izquierda no implica ni por un segundo tolerancia ante este asalto miserable contra la soberanía nacional, que siembra las semillas de una guerra civil en Venezuela y de intervenciones futuras contra cualquier país cuyo gobierno ose desafiar al Tío Sam.

Revolución Comunista llama a la defensa inquebrantable de la soberanía nacional mediante la movilización armada masiva. Tenemos el deber de exigir armamento general para la población trabajadora y campesina, no solo en actos simbólicos de propaganda, sino en el marco de una genuina política de defensa nacional que contemple la iniciativa obrera y popular, y también sus intereses de clases. Para ello se debe remoralizar a las masas restituyendo sus derechos y conquistas, lo que se puede lograr haciendo que la crisis del capitalismo rentista venezolano la paguen la burguesía tradicional y la capa de nuevos ricos del PSUV, rompiendo de manera definitiva con este podrido sistema de la mano de un verdadero programa socialista.

En este sentido, clamamos por la expropiación inmediata de todos los activos de multinacionales estadounidenses en Venezuela, como la petrolera Chevron, quienes siguen operando tranquilamente pese a que Trump ha impuesto un bloqueo naval al país e incauta buques petroleros que salen de nuestros puertos, pero además ha expresado la loca idea de que el petróleo venezolano le pertenece a EEUU. El que no se hayan tomado medidas en esta dirección hasta ahora, revela una profunda debilidad que lejos de desincentivar ataques los ha fomentado.

También exigimos la conformación de comités de vigilancia revolucionarios en las fábricas, barrios y cuarteles, conformados por soldados de base junto al pueblo para vigilar a los generales que, potencialmente, podrían vender al país por un puñado de dólares.

Estas medidas que proponemos, sin embargo, chocan diametralmente con la política contrarevolucionaria, procapitalista y antipopular que desarrolla el gobierno del PSUV, la cual ha llevado al país a un callejón sin salida. Es por ello que llamamos a la movilización de los trabajadores de la ciudad y el campo para presionar en favor de una política de defensa nacional verdaderamente revolucionaria, para repeler y derrotar la agresión bélica imperialista de manera más eficaz. Por instinto de clase, no podemos confiar el liderazgo de la defensa nacional a burócratas y generales, autores intelectuales y materiales del asesinato de la Revolución Bolivariana.

¡La soberanía nacional debe defenderse con el pueblo movilizado y en armas! Solo la acción directa de las masas, bajo un programa socialista, derrotará esta ofensiva yanqui.

Asimismo, invocamos la solidaridad internacional de la clase obrera latinoamericana: pedimos que desde hoy todo activista revolucionario, antiimperialista o consecuentemente demócrata convoque, promocione o apoye protestas en embajadas estadounidenses en su respectivo país, para repudiar esta guerra unilateral yanqui. Lo que acontece en Venezuela hoy es una clara advertencia para todos los pueblos latinoamericanos: Trump ya amenazó al presidente de Colombia, Gustavo Petro, con ser el siguiente tras Maduro, y con violentar la soberanía nacional de México en algún momento, con la excusa de ”luchar contra el narcoterrorismo”. América Latina entera está en peligro y la más amplia movilización de masas hoy puede preparar el terreno para una derrota de Trump y el imperialismo mañana.

A la clase trabajadora estadounidense decimos: ¡Sus manos pueden detener esta máquina de guerra! Pedimos que se movilicen contra la Casa Blanca, contra Trump, Rubio y los generales asesinos del Comando Sur. Repudien las aventuras militares globales, organicen consejos obreros, háganse dueños de las calles y tomen el poder: solo así derrocarán al imperialismo y liberarán al mundo de su yugo sanguinario. Y en el proceso, tendrán una oportunidad inmejorable para comenzar la construcción de una sociedad socialista mundial, donde la fraternidad de los pueblos sea la divisa más importante que vincule a toda la humanidad.

¡Manos fuera de Venezuela!

¡Fuera tropas yanquis de Venezuela, el Caribe y América Latina!

jueves, 8 de octubre de 2020

¡Basta de acoso político, diplomático y militar contra Venezuela!

 ¡Hacemos un llamado internacionalista a las y los trabajadores del mundo para que defiendan la Revolución venezolana en sus respectivos países!



El Gobierno de Argentina, junto con otros 21 países, votó en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU una declaración, impulsada por el reaccionario Grupo de Lima, en la que se cabalga hipócritamente sobre la situación de los derechos humanos bajo el mandato de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. La votación formó parte de la 45ª sesión ordinaria del Comité de Derechos Humanos de la ONU y contó con 22 votos a favor, 22 abstenciones y 3 en contra.

En la práctica, con este voto, Argentina se suma a la continua presión contra el presidente Nicolás Maduro que impulsan Trump, Bolsonaro y Piñera. El Estado venezolano ha sido víctima de criminales sanciones ilegalmente impuestas por parte del imperialismo norteamericano, que causan estragos y consecuencias nefastas para la clase trabajadora, las campesinas y campesinos y la juventud venezolana, y es en este marco que el Grupo de Lima arremete contra Venezuela.

El voto del Frente de Todos deja a la vista el peso del Fondo Monetario Internacional y el imperialismo estadounidense marcando la agenda del Gobierno, ya que este giro en política exterior se produce después de una reunión de Felipe Solá con el embajador de los Estados Unidos, Edward Prado y en vísperas de las negociaciones con el FMI cuyos funcionarios se encuentran en el país.

Mientras el Gobierno de Argentina y Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, se pronuncian contra la supuesta violación de los derechos humanos en Venezuela, ignoran las sistemáticas violaciones de los derechos humanos que tienen lugar en nuestro país vecino, Chile, como es el caso de los carabineros que arrojaron a un joven de 16 años al río Mapocho desde el Puente Pio Nono, y también muchos otros casos de represión, violencia, torturas y disparos a manifestantes. En realidad, no solo se trata de la violación de los derechos humanos, sino de la constante subordinación de varios países, a los que ahora se suma Argentina, a la política exterior del imperialismo norteamericano.

Este voto a favor del Grupo de Lima, por parte de los funcionarios de Alberto Fernández, desnuda las contradicciones y los límites de clase de un gobierno que dice defender la vida y los derechos humanos, pero que cede a la voluntad de las grandes empresas que presionan por la finalización total de la cuarentena, como del aislamiento, combinado con la devaluación de la moneda. Poco se hace ante la creciente crisis habitacional que atraviesa el país y que está llevando a cientos de personas a ocupar tierras, como en el caso de Guernica, que lleva meses sin resolverse, y tiene a cientos de familias viviendo en condiciones extremadamente precarias.  Sin mencionar los incendios en 14 provincias de Argentina, llegando a los lugares de hábitat que deben ser desocupados por el peligro de perder la vida, todo este flagelo se produce con el dejar hacer o la omisión de los gobiernos provinciales y del gobierno nacional.

Desde la Corriente Socialista Militante y la campaña Manos Fuera de Venezuela en Argentina nos posicionamos firmemente contra el asedio de la derecha internacional contra el pueblo venezolano que viene siendo sometido a un criminal bloqueo, agravado por la pandemia, por esto rechazamos el voto de la Cancillería argentina.

A su vez señalamos que mientras el imperialismo arremete de manera salvaje contra la clase obrera venezolana el gobierno de Nicolas Maduro prioriza los intereses de empresarios, terratenientes y banqueros por sobre los de quienes realmente trabajan, producen, siembran, creando toda la riqueza social: las obreras y obreros, campesinas y campesinos, comuneras y comuneros.

Las calamidades que padecen los sectores populares en Venezuela responden a la crisis estructural del propio capitalismo venezolano, en el marco de la crisis mundial capitalista, junto a la asfixia económica del imperialismo estadounidense a la que el Gobierno de Maduro responde con una política de ajuste burgués y políticas anti-obreras y anti-populares que han llevado el salario mínimo a menos de un dólar dejando a la vista de quien quiera ver la pulverización del salario y la destrucción de las conquistas alcanzadas en el gobierno de Chávez.

Ante esto queda claro que las maniobras desestabilizadoras y golpistas de la derecha pro-imperialista solo pueden ser enfrentadas con un programa socialista. Solo una política revolucionaria, que impulse la demolición revolucionaria del sistema capitalista, puede sacar al país de la crisis, transformando todo el continente y poniendo a la clase obrera venezolana nuevamente como punta de lanza de la revolución mundial.

¡Por una Alternativa Popular Revolucionaria!

martes, 5 de mayo de 2020

Venezuela frustra incursión mercenaria: Guaidó y Washington son los responsables

Escrito por: Jorge Martin (Manos Fuera de Venezuela)

A tempranas horas del domingo 3 de Mayo, la policía y las fuerzas armadas venezolanas frustraron un intento de desembarco por parte de hombres armados en Macuto, La Guaira, a 35 Km de la capital Caracas. En los enfrentamientos resultantes ocho mercenarios fueron abatidos y sus armas incautadas, tanto de las lanchas como almacenadas en tierra. De acuerdo con las autoridades, el ataque tenía el objetivo de secuestrar a dirigentes venezolanos y provocar un golpe militar.
El enfrentamiento armado inició a las 3:50 de la madrugada en Macuto, una ciudad costera ubicada en el Estado La Guaira. El Ministro venezolano de Relaciones Interiores Néstor Reverol describió el hecho como un intento de “invadir el país por mar”. Las Fuerzas Armadas Venezolanas y el grupo FAES de la Policía Nacional Bolivariana fueron los responsables de repeler el ataque. Reverol explicó también que de acuerdo con los sistemas GPS de las lanchas, los atacantes provenían de Colombia.
En una conferencia de prensa a las 11 am el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente Diosdado Cabello, reportó que ocho agresores fueron abatidos y otros dos capturados. Un lote de armas fue incautado, incluyendo 10 rifles de asalto, una pistola Glock 9mm, dos ametralladoras AFAG, seis vehículos pickup con ametralladoras montadas, un bote con dos motores fuera de borda; al igual que uniformes militares, teléfonos satelitales y municiones.
Está claro que la inteligencia venezolana fue alertada sobre esta operación, lo que revela que muchos de los grupos mercenarios paramilitares ligados a la oposición están fuertemente infiltrados. Mientras que el líder de la oposición y marioneta de Trump Juan Guaidó describe los sucesos como “un pote de humo del régimen”, es evidente que muchos de los involucrados tienen vínculos directos con el mismo Guaidó. Algunos de ellos participaron en el golpe militar fallido del 30 de Abril de 2019, que fue liderado abiertamente por Juan Guaidó y Leopoldo López.
Otros fueron parte del plan de incursión militar desde territorio colombiano, planificado para el 23 de Marzo, pero abortado luego que la policía colombiana incautó un lote de armas. El líder de esa operación, que involucraba a 300 hombres armados, era el antiguo oficial del ejército y conspirador golpista Cliver Alcalá Cordones, quien luego se entregó a las autoridades norteamericanas, que habían emitido una orden de captura en su contra por tráfico de drogas.

Vínculos con Guaidó

Antes de su arresto, Alcalá Cordones publicó un video donde alega que su operación fue el resultado de un contrato firmado entre él, el lobbysta político reaccionario J.J. Rendón y el propio Juan Guaidó. Uno de los elementos claves en la incursión militar abortada del 23 de Marzo, fue el mercenario norteamericano y ex boina verde Jordan Goudreau. Junto a otros dos ex marines, Goudreau estuvo a cargo de entrenar en campamentos en Colombia a los desertores del ejército venezolano quienes incursionarían en territorio venezolano. Dos días antes del ataque del 3 de Mayo, la agencia AP publicó una investigación detallada sobre el papel de Goudreau en la conspiración abortada del 23 de Marzo.
Goudreau, quien dirige a la agencia de mercenarios Silvercorp US, con base en Florida, también tiene vínculos cercanos con Guaidó. De acuerdo con el reporte de AP, en febrero de 2019 Goudreau trabajó organizando la seguridad del concierto de la “ayuda humanitaria” en el lado colombiano de la frontera con Venezuela. El concierto, promovido por Guaidó y financiado por el multimillonario Richard Branson, tenía como objetivo servir de cubierta para una provocación en la frontera venezolana, la cual fracasó. En ese momento, Guaidó cruzó la frontera colombo-venezolana ilegalmente, con la ayuda del grupo paramilitar narcotraficante Los Rastrojos.
Ayer, fue Goudreau quien publicó un video mensaje desde Florida, acompañado por otro golpista y desertor del ejército venezolano, reclamando la responsabilidad por el intento de desembarco en Macuto. En una entrevista con la activista de la oposición reaccionaria Patricia Poleo, Goudreau mostró una copia del contrato firmado entre Alcalá Cordones, Guaidó, J.J. Rendón y su propia compañía de seguridad, por servicios que incluyen “planificación estratégica”, “adquisición de equipos” y “asesoría en ejecución de proyectos”. El documento fue respaldado con una grabación de audio de una conversación entre Guaidó, sus socios y el mercenario norteamericano Goudreau, discutiendo los términos del acuerdo.
Solo unos días antes del ataque del 3 de Mayo, el enviado especial de los EEUU para Venezuela Elliot Abrams y el Secretario de Estado Mike Pompeo intensificaron sus declaraciones provocadoras contra Maduro. Abrams declaró que “los días de Maduro están contados”, mientras que Pompeo en una rueda de prensa efectuada el 29 de abril, aseguraba a los periodistas que “los esfuerzos multilaterales para restaurar la democracia en Venezuela continúan ganando impulso”, y que había “actualizado los planes para reabrir la embajada norteamericana en Caracas”. ¿Coincidencia? No lo creo…
De todo este sórdido asunto se pueden sacar varias conclusiones. La primera es que por más que lo niegue, Guaidó está profundamente implicado en los diferentes intentos de derrocar a Maduro. Incluso si se deja a un lado el famoso contrato, las pezuñas de Guaidó están por todas partes, como lo hemos detallado arriba. Los militares desertores involucrados participaron en el golpe fallido del 30 de Abril de 2019 liderado por Guaidó. El principal mercenario norteamericano involucrado proveyó seguridad al concierto de “ayuda humanitaria” de Guaidó. El mismo mercenario también participó en una reunión entre los asesores de Trump y los agentes de Guaidó en Miami.
Por supuesto, como el intento falló él alega no tener nada que ver con el mismo. La interrogante que realmente necesitamos preguntar es, ¿Por qué Guaidó sigue libre? ¿Por qué no ha sido arrestado? Él ha intentado usurpar un cargo para el cual no fue electo. El ha llamado a una intervención militar extranjera contra su propio país. El ha llamado a un golpe militar. De hecho él lideró un golpe militar. ¿Qué más se necesita para que sea aprehendido y llevado ante un tribunal? Este nivel de impunidad es indignante, particularmente en un momento en el que activistas revolucionarios como Argenis Chirinos y Aryenis Torrealba han sido arrestados y sus derechos les han sido violados, cuando su único “crimen” fue denunciar la corrupción en la empresa estatal PDVSA.

El papel del imperialismo

¿Cuál es el papel de los Estados Unidos en estos complots? Todo observador informado debería tener claro que nada se mueve en la oposición reaccionaria de Venezuela sin que los servicios secretos norteamericanos estén al corriente. En las declaraciones de ayer del mercenario Goudreau y en el reporte de AP éste se quejó de haber buscado apoyo en los Estados Unidos para sus planes paramilitares y no haberlo encontrado. Ello indica, como mínimo, que los EEUU tenían conocimiento previo de estos planes – recuerda, planes de una invasión mercenaria a un tercer país – y no hicieron nada al respecto. Pero la implicación de los EEUU va más allá del conocimiento. Washington alienta abierta y públicamente estas actividades, como cuando el Departamento de Estado ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por información que llevase a la captura de Maduro y otros funcionarios venezolanos. Sin mencionar el hecho de que por más de un año Trump ha estado alentando abiertamente a oficiales del ejército venezolano a rebelarse contra el gobierno de Maduro.
Claramente, tanto la llamada oposición “democrática” venezolana como el imperialismo norteamericano son responsables de ataques como el de ayer (3 de mayo). Hablan de “restaurar la democracia”, pero la oposición venezolana, Trump y todos los países que reconocen a Guaidó, tienen las manos manchadas con todo tipo de complots paramilitares en los que se involucra a mercenarios, narcotraficantes, terroristas, etc. Es de resaltar que el líder de la oposición venezolana Leopoldo López, quien fue el otro cabecilla del golpe del 30 de Abril de 2019, se aloja en la embajada Española en Caracas y este arreglo no ha sido repudiado por el nuevo gobierno de izquierdas PSOE-UP en Madrid.
Todos los demócratas coherentes, todos los socialistas, debemos rechazar estos actos escandalosos de agresión imperialista contra Venezuela y denunciar a todos los gobiernos que, al apoyar la “legitimidad” de Guaidó, tienen complicidad en ello. Al mismo tiempo debemos puntualizar que la agresión imperialista sólo puede ser combatida con medidas revolucionarias: capturando a Guaidó y a sus socios conspiradores golpistas y llevándolos a juicio, con la expropiación bajo control obrero de todas los activos de multinacionales norteamericanas en Venezuela, la expropiación de la oligarquía venezolana (capitalistas, banqueros y latifundistas), que apoyan y financian estos complots contrarrevolucionarios, y el establecimiento de una genuina milicia revolucionaria de campesinos y trabajadores.

sábado, 4 de abril de 2020

¡Basta de injerencia imperialista! ¡Manos fuera de Venezuela!


En medio de la conmoción global desatada por la propagación de la pandemia del virus Covid-19, el imperialismo estadounidense ha decidido escalar en los niveles de agresión e injerencia contra el gobierno venezolano. Hace pocas horas, el Departamento de Justicia de EEUU presentó cargos por narcotráfico, corrupción y promoción al terrorismo contra Nicolás Maduro, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y 13 altos funcionarios estatales, buscando legitimar futuras acciones intervencionistas y golpistas en Venezuela. Asimismo, el día 25 de marzo, el Ministro de Comunicación, Jorge Rodriguez, presentó pruebas al país de una nueva conspiración, gestada desde territorio colombiano, dirigida a infiltrar armas a Venezuela, ejecutar operaciones terroristas y concretar un posible magnicidio contra Maduro, de la cual tenían conocimiento Juan Guaidó y asesores norteamericanos. Ambos casos guardan estrecha relación.
Desde Lucha de Clases, sección venezolana de la Corriente Marxista Internacional, rechazamos enérgicamente esta nueva arremetida reaccionaria.
Las acusaciones del Departamento de Justicia de EEUU también involucran, entre otros, a Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Maikel Moreno, Presidente del Tribunal Supremo de Justica, Vladimir Padrino López, Ministro de Defensa, y a Tareck El Aissami, Ministro de Industrias y Vicepresidente para el Área Económica, donde además se ofrecen recompensas de 15 millones de dólares para quien ofrezca información que conduzca a la detención y enjuiciamiento de Maduro, y 10 millones por los demás funcionarios. Cabe mencionar que en la lista de señalados también destacan los nombres de Hugo Carvajal, quien está siendo procesado por la justicia española por cargos de narcotráfico, y Cliver Alacalá Cordones, ambos ex altos oficiales venezolanos, que, como es típico en estas lides, pasaron del bando bolivariano a enemigos rabiosos del gobierno al cual defendían hasta no hace mucho tiempo.
Ante el fracaso de las sucesivas conspiraciones golpistas para deponer a Maduro del poder, la bancarrota política de Juan Guaidó y su presidencia ficticia, la fragmentación de la derecha venezolana y su imposibilidad patente para movilizar a sus bases, el imperialismo estadounidense ha decidido crear condiciones de cobertura para acrecentar su intervencionismo contra el gobierno venezolano, reviviendo los fantasmas de las acciones juduciales contra Manuel Noriega por narcotráfico -antiguo colaborador panameño de la CIA, quien luego decidió distanciarse de sus antiguos amos-, que antecedieron a la posterior invasión del ejército norteamericano a Panamá en 1989 para derrocar a este, no sin generar un terrible baño de sangre. Sobre esto, el asesino Iván Simonovis, nombrado por Guaidó como Coordinador Especial de Seguridad e Inteligencia de Venezuela ante EEUU, señaló en su cuenta Twiter: «Desde hace algunos meses he dicho que no hay forma que @NicolasMaduro ni sus más cercanos colaboradores escapen de la justicia y que ésta será implacable. La excusa del Coronavirus no los salvará. Tendremos pronto la plataforma legal y actuaremos» (https://twitter.com/Simonovis/status/1243169969287974920?s=19). Más allá del entusiasmo opositor ante una futura incursión militar en Venezuela, donde tropas estadounidenses harían la tarea que la ineptitud derechista no pudo lograr por su cuenta, la amenaza, más que para el gobierno, para el chavismo y el pueblo pobre en general; es clara y no puede ser subestimada.
Si bien, desde Lucha de Clases hemos sostenido en numerosas oportunidades que el imperialismo estadounidense no ha estado en condiciones, más allá del discurso, de ejecutar una acción militar contra Venezuela, debido fundamentalmente a la reticencia de la opinión pública norteamericana a la posibilidad de nuevas guerras; procedimientos leguleyos como el recién emprendido buscan generar antecedentes que dejen puertas abiertas a futuro, ante posibles cambios favorables en las circunstancias y el surgimiento de mejores oportunidades para intervenir directamente, solo si se hace necesario. El pésimo manejo de la crisis desatada por la diseminación del Covid-19 en EEUU, por parte de la administración Trump, tendrá un evidente impacto político a poco más de un semestre para las elecciones presidenciales en ese país. La OMS ha declarado que la nación de las barras y las estrellas puede convertirse en el nuevo epicentro del brote pandémico, que ya ha cobrado la vida de más de 1000 personas en sus fronteras. No sería extraño que la clase dominante yankee esté tratando de escurrir sus problemas internos con la reedición de sus hostilidades contra Irán y Venezuela, algo que no le resultará si es esa la intención.  
Recordemos que la actual pandemia por la propagación del coronavirus ha sido el catalizador de una inevitable recesión económica mundial en puerta, que se venía gestando con anterioridad. En los días, semanas y meses venideros presenciaremos una verdadera debacle económica global, que hundirá en impopularidad -y cuidado sino en levantamientos revolucionarios- a todos los gobiernos capitalistas empecinados en redoblar sus políticas de austeridad, para hacer pagar la crisis orgánica del capitalismo a los trabajadores. La administración Trump no escapa a estos escenarios y la clase dominante yankee lo sabe. El escenario electoral estadounidense es otro factor a observar. Las puertas que se abran hoy, entendiendo las acciones judiciales emprendidas contra el gobierno venezolano -y sus implicaciones-, y la necesidad de ganar popularidad ante una crisis sanitaria que hará estragos y una recesión posiblemente peor que la de 2008, pueden ser opciones aventureras a la que el imperialismo, y un desesperado Donald Trump, pueden recurrir. No decimos con esto que la invasión norteamerica ya viene, pero si vale señalar que este escenario está en el campo de la posibilidad. Para que se torne inevitable, deben conjugarse una serie de factores, como parte de los señalados.
La hipocresía del imperialismo estadounidense, que nuevamente intenta apelar al discurso contra las drogas para apuntalar su política, no tiene límites. La facilitación de aviones de la fuerza aérea norteamericana para operaciones de narcotráfico, que servían para financiar a Vietnam del Sur durante la cruenta guerra de Vietnam; el incremento exponencial de la exportación de cocaina de Colombia a EEUU, desde la implantación del Plan Colombia; el crecimiento en la producción y exportación de amapola (para la producción de opio) de Afganistán, desde la invasión al país asiático, y la enorme circulación de dinero -manchado de sangre- proveniente del narcotrafico que se lava en el sistema financiero yankee; son solo algunos casos que evidencian la implicación imperialista en este sucio sub-mundo, que genera miles de muertes al año en los países ruta y productores, mientras en EEUU la demanda de estupefacientes no para de incrementarse. Por otro lado, el enorne prontuario histórico que acumula la Casa Blanca en la promoción al terrorismo es lo suficientemente vasto como para repasarlo. Vale recordar el impulso a los escuadrones de la muerte en Centroamérica durante los 80 y el apoyo en armamento y financiamiento a brazos de Al Qaeda, como el frente Al-Nusra, durante la guerra civil en Siria, por solo mencionar dos casos. Las acciones terroristas que oficiales desertores intentan desarrollar en Venezuela para derrocar al gobierno de Maduro, cuentan con total auspicio del gobierno norteamericano.
Las declaraciones de Cliver Alcalá Cordones
Desde su casa en Barranquilla, Colombia, el ex Mayor General Cliver Alcalá Cordones rindió declaraciones a una emisora de radio neogranadina. En ella, asume el liderazgo de la conspiración denunciada por el gobierno venezolano el 25 de marzo. Esta nueva conjura golpista se develó a raiz de la incautación, en territorio colombiano, de un vehículo con 26 fusiles, visores nocturnos y silenciadores, que tenían como destino el territorio venezolano. Alcalá señaló contar con el apoyo de aproximadamente 90 oficiales de las FANB (https://www.wradio.com.co/noticias/internacional/la-operacion-que-adelantaban-en-el-pais-contra-maduro-a-espaldas-del-gobierno-colombiano/20200326/nota/4025954.aspx).
Uno de los datos más relevantes apuntado por Alcalà, destaca el acuerdo entre Juan Guaidó, asesores norteamericanos, JJ Rendón y su persona para la ejecución de dicho plan. El ex oficial de la armada venezolana comentó, notablemente nerviso, que su presencia en la lista presentada por el Departamento de Justicia estadounidense obedece al fracaso de la conspiración, con la incautación de dicho arsenal por la fuerza pública neogranadina. Además, contradictoriamente refirió que «Ninguna autoridad colombiano conocía de la operación que veníamos preparando contra Venezuela. Ni el presidente Iván Duque y las fuerzas militares. Ellos solo se enteraron hasta hace 48 horas». Claramente, Alcalá, viendo las implicaciones judiciales que recaerán sobre él, decidió soltar prenda de todos los implicados, para no irse solo hacia el barranco. Nada de lo dicho nos sorprende.
El que Alcalá haya sido señalado en la lista presentada por el Departamento de Justicia estadounidense, a pesar de haberse convertido en un enemigo declarado de Maduro y activo conspirador contra el gobierno de este, es objeto de varias interpretaciones. A la versión de este de que su presencia en dicha lista responde al fracaso del plan que adelantaba, se contrapone otra que refiere a que el ex Mayor General puede haber sido considerado por el gobierno norteamericano como un doble agente. Hasta que se demuestre otra cosa, todo parece indicar que el ex oficial fue desechado por EEUU luego de utilizarlo infructuosamente para sus fines desestabilizadores. Una vieja frase popular ante casos como este dice: «así paga el diablo a quienes le sirven». Independiente de cual sea la realidad sobre el caso, es evidente que los constantes llamados a diálogo por parte del gobierno de Maduro hacia Guaidó, el gobierno estadounidense y colombiano, han caido, nuevamente, en saco roto. En lugar de apresar a Juan Guaidó y a todos los implicados, Maduro de forma obstinada sigue instando a la derecha nacional a lograr un acuerdo nacional, ahora para alcanzar soluciones en la contención del coronavirus (http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/general/maduro-invita-a-la-derecha-a-unirse-a-una-mesa-de-dialogo-por-la-salud/).
Una política contraproducente para combatir a la reacción
Nuestro repudio a esta nueva ofensiva imperialista no es, en lo absoluto, un voto de confianza hacia el gobierno de Maduro. Desde hace varios años hemos denunciado el marcado viraje gubernamental hacia políticas antiobreras y antipopulares, selladas con un correlativo progreso de las tendencias represivas contra dirigentes obreros, campesinos y comunitarios, para imponer el brutal ajuste burgués que se le viene aplicando a la economía nacional, que hace pagar las facturas de la crisis estructural del capitalismo venezolano a las mayorías trabajadoras y pobres.
La política de contención salarial y la supresión de las prestaciones y beneficios laborales, de la mano del memorandum 2792, han provocado deserciones masivas en la administración pública, muy convenientes para el gobierno en su intento de achicar el tamaño del Estado y reducir su déficit presupuestario. Las consecuencias se muestran en hambre y miseria para millones de familias. Por otro lado, la orientación patronal del Ministerio del Trabajo y las Inspectoras del Trabajo, se torna incuestionable con los numerosos casos de despidos que cotidianamente se registran en los sectores estatal y privado. La utilización de los cuerpos represivos estatales, como el Dgcim y el Faes, para dirimir luchas obreras merecen también nuestro más contundente rechazo. Aunado a lo anterior, la complicidad de los cuerpos de seguridad del Estado, jueces y funcionarios, con los viejos y nuevos terratenientes se han traducido en desalojos, violencia y muerte para cientos de campesinos, quienes también deben soportar la persecusión de grupos paramilitares.
La llegada del coronavirus a Venezuela ha opacado la demanda de justicia para Orlando Chirinos y Aryenis Torrealba, presos injustamente por enfrentar las mafias de corrupción en Pdvsa. Mientras transcurren los días, los 9 comuneros del Eje Socialista de Barinas siguen encarcelados por atreverse a contruir el «Estado Comunal». Asimismo, el procesamiento judicial contra los 3 trabajadores de la gobernación de Sucre que fueron apresados por exigir mejoras salariales, así como los dos obreros de El Palito, sigue su curso. Todo lo descrito ocurre mientras avanza un franco proceso de privatizaciones de enpresas estatales, en tanto la dolarización informal de la economía progresa, bajo la mirada complaciente del Presidente de la República y su tren ministerial.
Entre las medidas de emergencia tomadas por el gobierno nacional para atender la actual coyuntura impuesta por el coronavirus, destaca una solicitud de préstamo al FMI por 5 mil millones de dólares mediante el Instrumento de Financiamiento Rápido (IFR), que aunque no plantea condicionamientos tan estrictos como en los préstamos convencionales de este órgano, si comprende un conjunto de «consensos políticos» y parámetros de sometimiento y de «asistencia técnica», tendientes a la aplicación de un «plan de reformas», o en otras palabras, austeridad y más auteridad. Si bien, ya sabemos que esta solicitud fue denegada, este hecho nos permitió notar la disposición del gobierno a someterse ante las políticas económicas del FMI y del imperialismo. Así pues, resulta bastante inconsistente que mientras se denuncia el bloqueo económico imperialista, el cual también rechazamos, así como las constantes agresiones desestabilizadoras y golpistas de la Casa Blanca, se acuda a laa instancias financieras del mismo poder mostrando el deseo de subordinarse a sus designios. Esta claro que el nuevo endeudamiento que tratará de obtener el gobierno por otras vías -seguramente recurriendo a los países aliados como China-, al final tendrá que ser pagado por los trabajadores y el pueblo venezolano en general, ya sea en forma de más políticas antiobreras, de más recortes a los fondos para la salud, la educación, los servicios públicos, más privatizaciones, y apertura a la explotación de los recursos nacionales a manos de diversos capitales, como garantías o condiciones para facilitar los emprestitos.
La debacle de los precios del petróleo venezolano por debajo de su costo de producción, debido a la caida de la denanda de las potencias consumidoras ante la pandemia del Covid-19 y la guerra comercial entre Rusia y Arabia Saudita, amenazan con pulverizar el ya mermado presupuesto estatal. El cubrimiento de las cuentas en rojo, aunado a la asunción estatal de todas las nóminas de las pequeñas y medianas industrias del país, se hará mediante la emisión de dinero sin sustento en producción nacional y en las reservas internacionales, lo que intensificará la hiperinflación que vivimos desde 2017. Por si fuera poco, la destrucción definitiva de la capacidad de compra de los salarios -por debajo de US$ 6 mensuales- no se hará esperar, mientras los así llamados «empresarios patriotas» ven como se protegen sus ganancias, y los comerciantes especulan campantes.  
En suma, esta política no puede más que erosionar las bases sociales del proceso revolucionario, las únicas que pueden rescatarlo ante cualquier amenaza. Para los marxistas, no hay ninguna duda de que el tozudo sostenimiento de la política de conciliación de clases nos trajo hasta este punto. La ausencia de una conducción revolucionaria y consecuentemente antiimperialista, amenaza con terminar de enterrar lo poco que aun sobrevive de revolución, que no requiere de una eventual victoria de los planes de la reacción, sino solo de la continuación de la orientación pro-capitalista que ha adoptado el gobierno. «La verdad es revolucionaria».
Para reducir las posibilidades de una victoria imperialista en el país, es necesario rescatar la revolución. Salvando las enormes distancias, Trotsky, durante la guerra civil española, escribió lo siguiente: “Tenéis razón al combatir contra Franco. Debemos exterminar a los fascistas, no para tener la misma España que antes de la guerra civil, porque Franco ha surgido de esa España. Debemos extirpar las bases de Franco, las bases sociales de Franco, es decir, el sistema social del capitalismo” (España 1936-39. Citado en Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente). Decimos pues que derrotar a la derecha y el imperialismo pasa por extirpar el capitalismo en Venezuela.
Cuanto antes, se deberían expropiar todas las empresas multinacionales imperialistas, bajo estricto control obrero y popular, en reciprocidad al bloqueo económico y a la congelación de activos de la nación en bancos de EEUU y Europa. Es necesaria además la confiscación de bienes a todos los corruptos -blancos y rojos-, la confiscación de bienes de todos los agentes de desestabilización financiados por Whashintong, la creación de un monopolio estatal de comercio exterior, la nacionalización sin compensación de los monopolios industriales de la burguesía nacional parásita, los latifundios y la banca privada, para poner todos estos recursos bajo un programa económico de emergencia revolucionario, y planificar la producción con plena participación y seguimiento de los consejos de trabajadores y comunas campesinas, que estarían llamadas a crearse o activarse para hacer vigilancia y control del origen y paradero de las riquezas sociales producidas. Obviamente, el llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias no implicará el desarrollo nacional de forma automática. Las dificultades derivadas del atrasado capitalismo criollo y su crisis estructural legarán un conjunto de problemas a superar en la transición socialista. Sin embargo, con estas medidas se podrá garantizar que los recursos nacionales se queden en el país y se destinen hacia la inversión en las fuerzas productivas nacionales. La revolución venezolana debería servir de acicate a la revolución mundial. ¡No habrá victoria final mientras el capitalismo perviva y aceche!
En lo inmediato, Juan Guaidó y todos los políticos de derecha que reciben órdenes y financiamento desde la Casa Blanca, deberían ser apresados. ¡Ya basta de impunidad! Los camaradas que arguyen que la ejecusión de estas medidas supondría una inminente invasión de tropas estadounidenses a nuestro país, deberían preguntarse ¿de qué han servido las medias tintas para contener las amenazas de invasión? Y si se hiciera la revolución de modo completo ¿No se estaría en mejores circuntancias, tanto de control económico y político, con un pueblo organizado y dueño de su propio destino, para repeler las amenazas intervencionistas o incluso para resistir una eventual invasión? Hébert, el revolucionario francés, dijo: “Los moderados han enterrado más víctimas que aquellas que cayeron ante el acero de nuestros enemigos. Nada es más dañino en una revolución que las medias tintas».
Debemos decir que la perspectiva revolucionaria se halla muy distante de las intenciones de la dirección del PSUV, por lo que se hace necesaria la construcción de una alternativa orgánica, que basada en el programa marxista y en los más genuinos intereses de la clase trabajadora, guíe a las masas hacia su auto-organización y la conquista efectiva del poder.

viernes, 22 de febrero de 2019

Venezuela: el imperialismo aumenta la presión bajo el disfraz de la ‘ayuda humanitaria’


“Estáis arriesgando vuestro futuro y vuestras vidas”, así se dirigía Trump a los oficiales militares venezolanos en un discurso belicista en Miami el 18 de febrero. “No encontrareis un puerto seguro, ni una salida fácil o escapatoria. Lo perderéis todo”, agregó, tal vez frustrado de que hasta el momento no haya habido grietas significativas en las fuerzas armadas venezolanas, un mes después del inicio de la tentativa de golpe de Estado que planea Estados Unidos.
La presión aumenta a medida que se acerca el 23 de febrero: fecha que el títere estadounidense Guaidó se ha fijado para que la “ayuda humanitaria” ingrese al país.
Un mes después de que se proclamara “presidente encargado”, Guaidó todavía no tiene el poder real. No ha habido levantamiento en el ejército. Salvo un par de oficiales estacionados en EE. UU. y un oficial de la Fuerza Aérea sin mando de tropas, las fuerzas armadas venezolanas permanecen leales al presidente Maduro. Incluso la BBC ha vuelto a llamar a Guaidó “el líder de la oposición”. El presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, ha estado recorriendo el país organizando grandes manifestaciones antiimperialistas en las principales ciudades. Las más recientes en Mérida (en la frontera con Colombia) y en Bolívar (el estado que limita con Brasil).
El Wall Street Journal se vio obligado a admitir que el cambio de régimen de Trump en Venezuela no va de acuerdo con el plan:
“Muchos de los opositores de Venezuela y sus partidarios de Estados Unidos pensaron que el régimen del presidente Nicolás Maduro se derrumbaría rápidamente después de que Washington apoyara un plan diseñado para socavar su apoyo militar y estimular su salida. No ha sucedido de esa manera “.
Luego citó a un “ex funcionario de alto rango de los Estados Unidos” que dijo que “las personas que diseñaron [el golpe] en Caracas y lo vendieron aquí [en Washington], lo vendieron con la promesa de que si Guaidó iniciaba un movimiento y [los países de América del Sur] y EE. UU. lo secundaban, los militares se rebelarían y Maduro dimitiría, pensaron que era una operación de 24 horas”.
La ayuda humanitaria: una estratagema para la provocación
Carlos Latuff
Por esta razón, y para no perder el impulso, los conspiradores del golpe tenían que dar un paso audaz, galvanizando sus fuerzas y aumentando la presión sobre el ejército. La excusa que se está utilizando es la “ayuda humanitaria”, que desempeña el mismo papel que las “armas de destrucción masiva” en el período previo a la invasión de Irak. La fecha se ha fijado para el 23 de febrero.
Juan Guaidó ha dicho, repetidamente, que hay 300,000 personas a punto de morir por inanición a menos que se permita la ayuda. Una mentira en toda regla. La crisis económica en Venezuela es muy grave y ha tenido un impacto masivo en el nivel de vida de las personas, pero la afirmación de Guaidó es completamente falsa, al igual que las “armas de destrucción masiva” que representaban una “amenaza inminente” en el caso de Irak.
Estados Unidos ha concedido gentilmente 20 millones de dólares en ayuda, luego de haber incautado 7 mil millones en activos venezolanos. El Reino Unido se ha unido con unos “generosos” 8 millones de dólares, que se vuelve insignificante si se considera que el Banco de Inglaterra está reteniendo el oro venezolano por un valor de 1.200 millones de dólares.
De hecho, cualquiera puede ver que esto no tiene nada que ver con la ayuda ni con ninguna preocupación humanitaria. En la región colombiana de la Guajira, más de 4000 niños han muerto de desnutrición. En Haití hay una grave crisis humanitaria y un gobierno corrupto que usa el poder del Estado para sofocar una rebelión en masa. No ha habido llamadas de Washington para un cambio de régimen en Colombia ni en Haití, ni tampoco una campaña en los medios de comunicación masiva sobre la ayuda humanitaria. Naturalmente, estos dos países ya tienen regímenes que cumplen con los Estados Unidos.
Se identificaron tres lugares separados como puntos de entrada para la ayuda “humanitaria”: uno en la frontera con Brasil, otro en la isla holandesa de Curazao (frente a la costa de Venezuela) y un tercero (el más importante) en Cúcuta, en Colombia. Se han entregado toneladas de ayuda en aviones militares. En la última semana, el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos visitó Colombia, Brasil y Curazao, donde también ofreció unas provocadoras y amenazadoras declaraciones dirigidas a los oficiales del ejército venezolano. El presidente colombiano, Duque, pieza clave del rompecabezas, estuvo en Washington para conversar. El senador republicano Marco Rubio, uno de los jefes políticos de la reaccionaria mafia de exiliados cubanos de Miami, ya se encuentra en Cúcuta para coordinar las operaciones. El presidente chileno de derecha, Piñera, también está en camino.
El gobierno cubano, que es el objetivo secundario de la agresión contra Venezuela, como Trump y otros funcionarios estadounidenses han explicado abiertamente, emitió una declaración con una fuerte redacción en la que advirtió sobre los aviones de transporte militar estadounidenses que habían estado volando a varias islas del Caribe.
Agresión imperialista
Es claro, por lo tanto, que ésta es una escalada muy seria en las provocaciones imperialistas contra Venezuela.
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Como parte de la portada “humanitaria” para la agresión imperialista, el millonario británico Richard Branson organizó un concierto (“Venezuela Live Aid”) en la frontera. La oposición venezolana afirma haber contratado a decenas de voluntarios para traer la ayuda. Guaidó ha emitido un ultimátum a las fuerzas armadas: “tienen tres días para cumplir con la orden del presidente encargado y ponerse del lado de la Constitución”. Añadió: “el día 23 iremos al cuartel militar para exigir la entrada de ayuda humanitaria”.
La idea es crear una provocación en la frontera donde “civiles desarmados” intenten traer la “ayuda humanitaria” y sean detenidos por la “represión y violencia” por parte de las “fuerzas armadas de la dictadura”. El imperialismo estadounidense y sus aliados regionales están creando presión, calculando que esto empujará al menos a una parte del ejército venezolano a rebelarse y mover ficha para eliminar a Maduro, o que Maduro renunciará él mismo.
Además de las provocaciones en la frontera, en Costa Rica, el “embajador” designado por Guaidó y un grupo de matones vinculados al ex gobernador de Guárico Manuitt, se hicieron cargo de la embajada de Venezuela y están impidiendo el acceso de los legítimos embajador y personal diplomático. El consulado de Venezuela en Guayaquil también fue atacado.
Trump y otros funcionarios estadounidenses han dicho que “todas las opciones están sobre la mesa”: la implicación es que no se descarta una invasión militar estadounidense. El propio Guaidó, en un acto que sólo puede tildarse de traición, dijo en una entrevista con AP que no descartó “autorizar la intervención militar extranjera” en Venezuela.
Probablemente ésta no sea la primera opción contemplada por Washington. La agresión militar directa contra Venezuela sería costosa, tanto en términos de vidas como de consecuencias políticas. Más de 15 años después de las invasiones de Irak y Afganistán, Estados Unidos aún no ha podido irse. Una invasión de Venezuela requeriría un gran número de tropas, que ciertamente enfrentarán una fuerte resistencia armada. También tendría consecuencias importantes en toda América Latina, donde hay un sentimiento antiimperialista profundamente arraigado.
Lo más probable es que los planificadores estadounidenses calculen que la combinación de sanciones económicas contundentes, el aislamiento diplomático y la presión de la amenaza de una acción militar serán suficientes para expulsar a Maduro del poder, de una forma u otra. Esto no se descarta, pero sigue siendo una lucha de fuerzas vivas y el resultado no se decide de antemano.
Trump jugando con fuego
La bravuconada de Trump también está en parte dirigida al público estadounidense. Tiene un ojo puesto en las próximas elecciones presidenciales y está tratando de asegurarse el apoyo de la derecha republicana atacando a Venezuela y Cuba. En su discurso en Miami, destacó que el socialismo es una ideología fallida “que nunca permitiremos que llegue a las costas de Estados Unidos”, un comentario que apuntaba claramente a Sanders y los demócratas en general.
Está jugando con fuego. Las personas clave involucradas con Venezuela (Bolton, Cruz, Abrams, Rubio) son rabiosos anticomunistas que no dudarían en utilizar todos los medios a su disposición para aplastar las revoluciones bolivariana y cubana, independientemente de las consecuencias. Si bien la intervención militar directa podría no ser la opción más inteligente para el imperialismo estadounidense desde el punto de vista de un frío análisis de costo-beneficio, hay muchos que no piensan necesariamente de esta manera en el régimen de Trump.
La situación es muy grave. Debemos oponernos a esta agresión imperialista con todas las fuerzas a nuestra disposición. Algunos de la izquierda han intentado tomar una posición de “ni Maduro ni Guaidó”. Ese es un punto de partida completamente erróneo. Primero, porque no se trata de Guaidó, sino de los planes y ambiciones de Trump en Venezuela. Durante la lucha para oponerse a la agresión imperialista en Irak, todos los antiimperialistas consistentes tomaron una posición clara, independientemente del hecho de que Saddam Hussein fue un dictador asesino que había masacrado a su propio pueblo (como aliado del imperialismo). El caso aquí es aún más claro. Uno de los objetivos de la agresión estadounidense es precisamente aplastar la Revolución Bolivariana, o lo que queda de ella. No se necesita apoyar a Maduro y su gobierno para adoptar una postura intransigente de oposición a la agresión imperialista de Estados Unidos y su títere Guaidó.
Si Estados Unidos tiene éxito en este intento de golpe de Estado, no sólo se destruirán los logros restantes de la revolución, sino que también se destruirán sin piedad las organizaciones y cuadros de trabajadores, campesinos y pobres revolucionarios. Cualquiera que no pueda ver las implicaciones que esto conlleva no merece llamarse de izquierda.
¿Ni Maduro ni Guaidó?
De hecho, las consecuencias prácticas de esta posición de “ni, ni” se pueden ver en un ejemplo reciente. Un grupo de ex ministros chavistas han establecido la Plataforma para un Referéndum Consultivo. No representan a nadie más que a sí mismos y anhelan una solución “democrática” y “constitucional” a la crisis. ¡Como si pudieras convencer al imperialismo de detener la agresión imperialista agitando una copia de la Constitución! El 5 de febrero, este grupo se reunió con Guaidó con el objetivo de plantearle sus demandas. Como era de esperarse, fue Guaidó quien ganó capital político con eso, diciendo: “mira, incluso los ex ministros de Chávez están en contra de Maduro, tenemos puntos en común”.

De manera escandalosa, también estuvo presente en esta reunión Gonzalo Gómez, un miembro destacado de Marea Socialista (una sección simpatizante de la llamada “Cuarta Internacional”). Justificó su presencia en la reunión argumentando que “debemos hacer todo para evitar la guerra”. Bueno, seguramente, nadie quiere la guerra, pero lo que estamos tratando aquí es la agresión imperialista abierta y un intento de golpe de Estado. ¿Lo impides entablando un diálogo con el agente local de Trump? ¿Esperas convencerlo? ¿O haces un llamamiento a los trabajadores y campesinos para que se organicen y se armen (políticamente y con las armas) para luchar contra el imperialismo? Parece que el camarada Gonzalo elige la primera opción.
¿Significa esto que suspendemos las críticas al gobierno de Maduro? De ningún modo. Todo lo que significa es que tenemos que plantear la pregunta en términos de qué medidas se requieren para luchar realmente contra el plan de golpe de Estado imperialista.
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Los compañeros de Lucha de Clases en Venezuela están haciendo precisamente eso. A iniciativa suya, una serie de organizaciones revolucionarias en Caracas han organizado un mitin el viernes 22 de febrero con los siguientes eslóganes: “¡Prisión para Guaidó y sus cómplices! ¡No más impunidad para los golpistas! Disolución de la Asamblea Nacional golpista ya! ¡Armas para las milicias bolivarianas ahora! ¡Confiscación de las transnacionales imperialistas y monopolios nacionales involucrados en el golpe! ¡No más concesiones a la burguesía parasitaria! ¡Que los capitalistas paguen por la crisis!
Varias organizaciones y colectivos revolucionarios se han sumado a la convocatoria y también se ha planteado en los lugares de trabajo y en los sindicatos. Las organizaciones más grandes como el PPT no han firmado la declaración, pero han prometido participar en la manifestación. El Partido Comunista y otros colectivos del Frente Popular Antifascista y Antiimperialista han emitido una declaración pública que apunta en la misma dirección, aunque tampoco han firmado el llamamiento del 22 de febrero.
Otras sectores de entre las filas chavistas también están comenzando a entrar en acción por su cuenta. En la región de Apure, en la frontera con Colombia, la Corriente Revolucionaria de Bolívar Zamora ha revivido las Brigadas de Defensa Popular Hugo Chávez.
La idea central que los compañeros están proponiendo es que un serio intento contrarrevolucionario imperialista como este sólo puede combatirse eficazmente con medidas revolucionarias, enfrentándose a las multinacionales y los capitalistas locales que están detrás de la trama y confiando en el ímpetu revolucionario y entusiasmo de la clase obrera y de las masas pobres.
La posición de la Corriente Marxista Internacional es clara:
¡Manos fuera de Venezuela!
¡Oponerse al golpe imperialista!
¡Expropiar a la oligarquía y el imperialismo!
¡Armar a las milicias!

martes, 12 de febrero de 2019

¡No al golpe! ¡No a la guerra! ¡Manos Fuera de Venezuela!

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La Corriente Marxista Internacional rechaza el intento en marcha del imperialismo estadounidense de llevar a cabo un golpe de Estado en Venezuela. Lo que estamos presenciando es un intento flagrante de destituir al gobierno venezolano del presidente Maduro por parte de una coalición de países liderados por Trump. Este es el último episodio de una campaña de 20 años contra la Revolución Bolivariana incluyendo golpes de estado militares, infiltraciones paramilitares, sanciones, presión diplomática, disturbios violentos e intentos de asesinato.
 
Por orden de la Casa Blanca y después de reuniones en Washington, Juan Guaidó se auto-proclamó "presidente encargado" en un acto de calle en Caracas el 23 de enero. Esta declaración no tiene ninguna legitimidad en absoluto, pero fue inmediatamente reconocida por Trump, Bolsonaro, Duque, Macri y Almagro. Otros les siguieron, incluyendo 19 países de la Unión Europea. Luego pidieron al ejército venezolano que declarara su lealtad al nuevo "presidente". A esto le siguieron las sanciones impuestas por EE.UU. a la petrolera venezolana PDVSA y el embargo de sus activos en EE.UU. por valor de US$ 7.000 millones. El Banco de Inglaterra está reteniendo otros US$ 1.200 millones en oro perteneciente a Venezuela por instrucciones de los Estados Unidos. El objetivo es asfixiar a la economía venezolana para obligarles a someterse.
 
Estos actos de agresión imperialista flagrante se están llevando a cabo bajo la cobertura de la "democracia" y la "ayuda humanitaria". Seamos claros, el imperialismo mintió sobre sus razones para invadir Irak ("armas de destrucción masiva"), mintió sobre las razones para el bombardeo de Libia y siempre ha tratado de encontrar una justificación para la agresión imperialista. El gobierno de los Estados Unidos, que está construyendo un muro para impedir la entrada de migrantes, encierra en jaulas a aquellos que logran entrar y separa a los niños migrantes de sus padres, claramente no tiene la menor preocupación por la difícil situación de los migrantes venezolanos. Trump ha nombrado a Elliot Abrams como la persona a cargo de supervisar todas las operaciones para "restaurar la democracia en Venezuela". Eso te dice todo lo que necesitas saber al respecto. Abrams organizó la financiación de los Contras contra-revolucionarios en Nicaragua y respaldó a los escuadrones de la muerte en El Salvador y Guatemala en los años ochenta.
 
El golpe tiene tres objetivos principales. Uno es aplastar la Revolución Bolivariana, un objetivo que Washington ha perseguido por todos los medios posibles durante 20 años. En segundo lugar, esto permitiría al imperialismo estadounidense controlar las enormes riquezas petroleras y minerales de Venezuela. Finalmente, esto también serviría para dar una lección a los trabajadores y campesinos en todo el continente y, en particular, como una clara amenaza para la revolución cubana.
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Si este intento de golpe tiene éxito, será un desastre para el pueblo trabajador en Venezuela y más allá. Guaidó ya ha anunciado su programa: la privatización de empresas nacionalizadas (electricidad, acero, telecomunicaciones, cemento, etc.) y las tierras expropiadas; la “apertura” de la industria petrolera a multinacionales extranjeras en términos muy favorables; despidos masivos de trabajadores del sector público; la destrucción de todos los programas sociales; privatización de la asistencia sanitaria y la educación; un "presupuesto equilibrado" ... Este es un programa abierto de reacción en los campos social y económico.
 
Para implementar este programa, dicho gobierno tendría que aplastar la resistencia de los trabajadores y campesinos, suprimiendo las libertades democráticas, atacando las organizaciones sindicales y comunitarias y deteniendo a sus dirigentes. Conociendo el carácter de las turbas de la oposición reaccionaria y su historial, también podemos esperar que vayan a organizar linchamientos de chavistas.
 
Todos los socialistas, todos los antiimperialistas y todos los demócratas consecuentes tienen el deber de oponerse a este golpe con todas sus fuerzas. No hay espacio para la vacilación. No es posible adoptar una posición de “ni lo uno ni lo otro” frente a una agresión imperialista flagrante.
 
Esta situación se ha deteriorado por las vacilaciones de Maduro y la burocracia del PSUV y sus continuos intentos de buscar un compromiso con el imperialismo y la clase dominante de Venezuela. La continuación de esta política hoy tendría consecuencias nefastas.
 
El intento de golpe debe combatirse movilizando a los obreros y campesinos revolucionarios y asestando golpes al imperialismo y sus agentes locales, la oligarquía (banqueros, capitalistas y terratenientes). Deben fortalecerse y armarse la milicia y desarrollarla en cada barrio obrero, fábrica y comunidad campesina.
 
Guaidó ha pedido abiertamente un golpe militar, ha alentado el secuestro de bienes venezolanos por parte de Estados Unidos y ahora reclama la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela. Esto es una traición al pueblo venezolano. Debe ser arrestado y juzgado, y hay que cerrar la golpista Asamblea Nacional.
 
Las empresas multinacionales de los países involucrados en el golpe de Estado deben ser expropiadas. Las propiedades de los oligarcas involucrados en el golpe de Estado deben ser expropiadas. Los latifundios deben ser entregados a los campesinos. Estas propiedades deben ponerse bajo el control de los trabajadores y los campesinos como la base de un plan democrático de producción para atender las necesidades urgentes de las masas venezolanas.
 
La Corriente Marxista Internacional se compromete a continuar y redoblar los esfuerzos de la campaña Manos Fuera de Venezuela y llevarla al movimiento obrero y juvenil en todo el mundo con todas nuestras fuerzas. Llamamos a todas las organizaciones de izquierda, sindicales y juveniles que se unan a esta campaña.
 
¡Manos fuera de Venezuela!
¡Ni golpe, ni guerra imperialista!
¡Expropiar a los imperialistas y la oligarquía!
¡Trabajadores del mundo, uníos!
 
Corriente Marxista Internacional, Turín, 10 de febrero, 2019

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Esta información no nos pertenece, pertenece a quienes quieran tomarla para lanzarla a la línea de fuego.